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A Sahira, cuando crezca:
Etiquetas:
2014,
Amor,
Familia,
Las cosas según yo,
Sahira
·
Publicado por
Valkyrie
en
9/06/2014 09:27:00 a. m.
Sería bueno que pudiéremos recordar esos primeros momentos cuando
nacimos. Tal vez entenderíamos que la vida es progresiva. Que diferente sería
si recordáramos como no sin esfuerzo, nos abrimos paso a la vida, entre empujones.
Es una lástima no poder recordarlo, pero aquí estoy yo para hacerlo por ti.
Jueves de poesía
Etiquetas:
2014,
jueves de poesía,
Las cosas según yo
·
Publicado por
Valkyrie
en
8/15/2014 09:36:00 a. m.
Es
un tanto banal tener un día favorito, pero el mío es el jueves. No posee el
inmerecido desprestigio del lunes, ni la ligera alegría del viernes. Mucho menos la frivolidad
del sábado, ni el brillo del domingo. No es desabrido como el miércoles ni de
mal augurio como el martes. El jueves es el día perfecto. La semana casi
termina, pero aun no es viernes, y en el jueves reposan todas las ansias. El
jueves también es el día en que La Iglesia guarda silencio ante la majestad de
Cristo Sacramentado. Jueves fue el día en que nací hace ya algunos años. Los
jueves son los días de Zumba en el gym. Y desde hace algunas semanas… en ellos tienen lugar las noches de poesía.
Más allá del amor
¿Qué es el
amor? ¿Quién es ese famoso desconocido del que todos hablan pero no parecen estar seguros a la hora de pronunciarlo, como
quien sabe lo que está diciendo? En estos días se habla mucho del amor. A
veces, como un accesorio más. Algo que se quita y se pone, o un modo de estar
en determinado momento. Se menciona con desdén, casi como una leyenda, algo que
se puede utilizar en canciones y en películas, pero nada más. El Amor termina
siendo como Papá Noel. Otros hablan de él con apasionamiento: como la piedra
filosofal que una vez encontrada, nos dará la fuente de felicidad eterna.
Nueve manías mías
Todos
tenemos alguna, muchas veces pasan desapercibidas. Pero si lo piensas bien… He
aquí las mías:
1.
Revisar las hornillas de la estufa:
todas las noches antes de dormir, verifico que las hornillas estén bien
cerradas. Supongo que me preocupa tener un sueño psicodélico.
2.
Cepillos con tapa: Me desespera la
idea de que mi cepillo amanezca en el baño… sin tapa. No sé, tal vez pienso que
las bacterias y los bichos harán una fiesta de madrugada. “Cuando el gato no
está en casa…”
3.
Café-manía: Hubo una época en mi
vida que tomaba una cantidad desconocida de tazas diarias… luego fueron solo 5
diarias y ahora son solo 2. Pero me es difícil prescindir de él.
Hablemos de dinero...
Desde
que nuestros ancestros comprendieron que no era justo intercambiar una vaca por
unos víveres [O espejitos por oro, en el peor de los casos] crearon el objeto
que se convertiría al mismo tiempo en la bendición y maldición del mundo: el
dinero.
A
nadie le gusta hablar de dinero, excepto a los bancos, a los que nos cobran y a
nosotros cuando se trata de recibirlo. Es un tema espinoso e incomodo que ha
provocado más de una ruptura y no pocos soponcios. Pero no, tenemos que
hablarlo.
La generación de mis sobrinos
“Todo pasado
fue mejor” ¿Es nuestra incapacidad para aceptar los cambios lo que
siempre nos hace pensar que lo bueno se quedo atrás? Dice un amigo de mi padre
que el mundo se acabó en el año 1990 y que todo lo que vivimos a partir de ahí,
fueron los desechos de un mundo en decadencia. Las generaciones de nuestros
padres no dudan un segundo en tacharnos y etiquetarnos: la música no sirve, los
jóvenes no están en nada, se visten mal (o mejor dicho NO se visten), tienen
malos modales y nunca hacen nada por la sociedad o por ellos mismos. Viniendo
de la generación de mis padres parece justo: ellos lograron cosas que, tomando
en cuenta los retos que enfrentaron, fueron verdaderos triunfos producto
de mucho esfuerzo y determinación. Pero eso no se queda ahí. Nuestros
abuelos decían lo mismo sobre nuestros padres. Y todavía allá en el pasado, hay
una bisabuela quejándose de que los jovencitos ya no vienen como antes.
Mensaje subliminal
Vidas prestadas
Nació Yadira,
después de 9 meses que se hicieron largos para mi sobrina Indira haciendo todo
lo que su humanidad le permitía para que así sucediera. Exitosamente, Yadira
vio la luz del mundo el 16 de diciembre, luego de que se cambiaran en dos
ocasiones la fecha, y Dios hiciera lo suyo determinando que ese sería el día de
su nacimiento. Y entre la alegría y el alivio de que todo saliera bien, veo a
mi sobrina mayor lidiando con un nuevo reto y una nueva faceta en su vida: la
de ser madre. Me pregunto, ¿no se estará muriendo de miedo? Yadira nunca volverá a ser tan suya como lo
fue durante esos 9 meses de celosa posesión, donde Yadira era parte de ella y
dependía totalmente de su madre para sobrevivir. Jamás dejará de sorprenderme los misterios de
la maternidad. Mientras Yadira duerme plácidamente junto a su primer regalo,
una muñeca de trapo, sin saber cómo llegó aquí en la más cómoda de las
ignorancias, yo hago una silenciosa
reverencia ante el milagro materno. Pero sobre todo, un profundo y callado
agradecimiento hacia mi madre, por haber aceptado y nunca haber dudado, a la
hora de tenerme. Por haber puesto su vida en el ruedo por mi nacimiento,
ofreciéndolo todo a cambio de nada, de una vida prestada, que tarde o temprano
encontrará sus propias alas.
Lunes, viernes y otras mañas
Después
de los políticos y los impuestos, la cosa más odiada es el lunes. La aversión
al lunes nace el domingo por la noche, preferiblemente, ante la lista mental de
pendientes que nos espera para el día siguiente. Lo que nunca hemos pensado que
el “odio al Lunes” responde a una acostumbrada predisposición al inicio de la semana, algo que llevamos
haciendo más o menos… toda la vida. Y si
no me lo creen, ¿Acaso no eran ustedes de esos brillantes estudiantes que
dejaban la práctica de inglés para el domingo por la noche?
Ser o estar
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A mi no me enseñaron eso
Entré a la universidad un 4 de septiembre
un mes después de graduada. Era lunes. En ella duré 4 años, 48 meses, 192
semanas, casi 1,500 días y una cantidad de horas que prefiero no estimar.
Recibí alrededor de 100 asignaturas, donde me prepararon para lo que sería mi
vida laboral cuando pusiera un pie en la calle. Estábamos convencidos que horas
de cátedra, consejos de los mejores profesionales en la materia, exámenes duros, un par de pronunciadas ojeras,
prácticas kilométricas terminarían por templarnos el carácter y nos dejarían
listos para comernos la calle. No pudimos estar más errados. ¿Quien es Alexander Ascanio?
Una vez tienes un
Blackberry, aprendes a vivir con él. Hay quienes han aprendido a vivir sin él
que es mucho más importante, otros hasta han llegado a cansarse. Pero el
usuario de Blackberry tiene que lidiar con asuntos que otros usuarios de smartphones
no lidian. Aprendes a dormir por las noches, a ignorar el led cuando estudias,
y sobre todo a manejar los irritantes Broadcasts que pueden hacer perder la
paciencia hasta al espíritu Gandhi. Sin
embargo entre tantos bc´s de propuestas para tener iconos nuevos [que como
mejor atributo tienen el ser bastante feos e inútiles], cadenas de oración,
solidarios y des-informativos; llega uno que intenta advertirte del peligro que
corres sino evitas a toda costa a este contacto. Es bastante amenazador: si
aceptas o agregas a un contacto llamado Alexander Ascanio [venezolano], corres
el riesgo de tener entre tus contactos a un peligroso hacker. La última vez que
lo recibí, me pregunté si de verdad existía, ¿Quién podría ser Alexander
Ascanio?
Es natural
Cuando
me dijeron que había muerto el tercer pez en veinte días, concluí que aunque mi
sobrina amara mucho los animales no era muy buena con ellos; Porque, ¿Qué clase
de complicaciones podría dar un pez? No hacen ningún ruido, no se envían al
veterinario y sirven para decorar. ¿Qué puede salir mal? Intenté bromear sobre
el tema pero mi madre me lo impidió porque mi sobrina estaba llorando.
La autoestima masculina
La simpleza masculina es algo
que siempre me ha gustado/odiado. Las mujeres acordaremos decir que a los
hombres casi todo les ha salido mucho más fácil. Y tratar de emularlo es
imposible, la razón es muy sencilla: el hombre no se complica. Donde las mujeres vemos intrincados
dilemas con dramáticas soluciones, el hombre lo ve desde su óptica masculina:
llana, sencilla y muchas veces [aunque me cueste admitirlo] más cercana a la
realidad [o por lo menos a aquella que les permite vivir en paz].
El mejor regalo de Reyes
Estamos
en los 90, mentalmente. Todavía la gente andaba con esos detestables tshirts
promocionales que parecían reproducirse solos como microbios, los celulares y
las computadoras [Que utilizaban un programa chato y feo llamado MS-Dos] aun no eran el mejor amigo del hombre ni el
nuevo miembro de la familia; y quien tenía
uno de los dos era un privilegiado.
Un año de fin de mundo
Bajo una nube de pesimistas y terribles
predicciones, que han dado rienda suelta a la imaginación- y en algunos casos a
la perversión- de las mentes más dramáticas y fanáticas, recibimos el año
nuevo. Ya esto lo hemos celebrado antes,
es cierto, la mayoría de nosotros no
creemos que nada suceda con el mundo: al final del año seguirá siendo igual de
pecaminoso, diverso y placentero como el año anterior. Sin embargo, todos
entraremos en el jueguito de pasar el último año y no perderemos la oportunidad
de burlarnos, predicar [sin importar en lo que creas] corregir a los
ignorantes, y rechazar las medidas extremas con ironía y algo de humor negro. Pero
no perdamos el tinte fatalista, y hagamos que los próximos 12 meses sean
realmente memorables, por si acaso.
Les deseo un año de fin de mundo, donde puedan
arriesgarse un poco, conocer sus extremos, llegar un poco más lejos. Que se
sientan motivados y pongan a rodar sus sueños. Y ojalá en el 2013 abandonemos
esa mala costumbre de estar acabando el mundo, ¿Qué les hizo el mundo que lo
quieren terminar?
Que
siga la fiesta.
El hombre de la manzana
Murió Steve Jobs. Una persona, como muchos destacaron esa noche. Las redes sociales se inundaron con
la noticia. La mayoría con muestras de admiración y condolencia, pero por
supuesto, una oleada adversa de comentarios emanados del grupo “yo VS el mundo”.
No perdamos la buena costumbre
De decir buenos días, de apretarnos
las manos, de mirarnos a los ojos cuando hablamos. No perdamos la buena
costumbre de tomar a los niños de la mano, de mirar el paisaje, de darle besos
al viento, y de presionar el botón del
olvido.
No dejemos de sonreír, pase lo que
pase, de hacer amigos. No perdamos la buena costumbre de tener fe, de sentirnos
esperanzados, de creer en nosotros mismos, de confiar, aunque cueste, en la
virtud y bondad de nuestros iguales.
No dejemos de tomar café
acompañados, de mirar hacia ambos lados en la calle, de observar el cielo y
soñar con alcanzarlo. Que no se pierda la buena costumbre de jugar con los
niños, de cantar en la ducha, de comer dulces y hacer cosquillas.
No perdamos la buena costumbre de
besar la mejilla de quien amamos antes de dormir, de dar las gracias al despertar,
de ver las mariposas en su vuelo, de acariciar a los perros, de soñar
despiertos. De escuchar música con los
ojos cerrados, de reírnos sin razón delante de la gente, de emocionarse, de
sorprenderse.
Pero sobre todo, que no se pierda la
buena costumbre de querer ser mejores personas. Tal vez un día, sin proponérnoslo,
haciendo un compromiso intimo con uno mismo, llegamos a algo. Mientras tanto,
mantengamos las buenas costumbres.
En la tecnología confío
Llegué como cada noche, cansada del
instituto y tenía que salir muy temprano. Mi pantalón no estaba listo, mi madre
olvidó echar el suavizante, así que arreglé la lavadora para que terminara todo
por mí, luego lo coloqué en la secadora, el despertador de mi celular a las
6:00 a.m. y dejando alguna persona en el aire en el bbm, caí rendida.
Desperté pasada las 7:00, gracias a
una luz intrusa que se coló por el blackout de las ventanas de mi cuarto, sin
su intervención todavía estaría dormida. ¿Cuál es el problema? Me preguntó mi
padre, tumbando casi mi puerta. No olvidé poner la alarma, me dije cuando
observando al culpable de mis desgracias. Tampoco fue que ignoré el sonido y
continué durmiendo como tantas otras mañanas. Cometí un sencillo y humano
error: p.m.
Nada es para siempre
Siempre quise ir al lago Enriquillo.
Los comerciales que veía cuando estaba pequeña tuvieron mucho que ver. Me
gustaba el paisaje, el hecho de que hubiese una isla dentro del lago y las
iguanas, por tranquilas y porque gustan de no ser perturbada, como yo. Dejé anotado en algún lugar de mi mente que iría
algún día. Siempre di por inmutable que el lago estaría ahí, esperándome.
Todo el que mantiene una conversación
de más de 10 minutos con mi padre sabe que él nació, orgullosamente, en Chavón
arriba un campo de Higuey. Durante años fue el destino vacacional de la
familia. Tengo que admitir que las mejores vacaciones de mi infancia las pasé allá.
Pero como casi con todo pasa, me cansé. De la tranquilidad campestre, de la apacibilidad
con que pasaban los días, de levantarme temprano, de no tener energía eléctrica
o acceso a internet. Ya ni si quiera el rio era un atractivo. En el 2007 y no
recuerdo el nombre de cuál de las tormentas fue, afectó la isla. Como resultado,
el rio alcanzó niveles desmesurados y cuando volví a verlo ya no era el mismo:
era un charquito, con agujeros por todos lados y peligroso además.
No volví a bañarme más al rio y
actualmente ya no vamos más al campo. No sé cómo afectará al lago Enriquillo
los cambios que está experimentando. Me gustaría que no fueran irreversibles,
para cumplir con mi objetivo. Todos los días nos decimos que tenemos cosas que
hacer, lugares a donde ir y gente que visitar. Dejamos de prestar atención al
entorno y al paisaje, porque estamos aburridos y lo hemos asimilado como parte
de nosotros mismos. A veces estamos demasiado ocupados actualizando nuestro
estado en una red social. Pero si un día
el paisaje se transforma, nos veremos extrañándolo. ¿No es mejor disfrutar de
las cosas sabiendo que son perecederas? Nada es para siempre, dice Luis Fonsi y
yo lo secundo. No estamos seguros de nada: ni de despertar, ni de saber quiénes
somos cuando eso pase. No lo dé por seguro. Vaya a ese lugar, si quiere. Pero
por favor y sobre todo, haga esa llamada. Nada peor que quedarse con la duda de
“que habría pasado si…”.
Walkiria Encarnación
16 de septiembre de 2011
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