Hace 3 horas
99 [La malicia]
Que
quiere ella con mi cuerpo, que ha ocupado sin piedad célula por célula, y ha
llegado sin avisar. Desperté con la boca amarga y los labios secos; como si no
me hubiesen besado tus besos. Tengo la malicia que recorre el cuerpo y pasa por
mi sangre como señor y dueño. Compre la farmacia entera, pero no se fue.
Consulte los remedios de mi abuela muerta, y no se fue. Se lo pedí por las buenas
y tampoco se fue. Solo después me dejó como por aburrimiento. Entonces entendí
que no se puede sacar lo que vive adentro.
En la tecnología confío
Llegué como cada noche, cansada del
instituto y tenía que salir muy temprano. Mi pantalón no estaba listo, mi madre
olvidó echar el suavizante, así que arreglé la lavadora para que terminara todo
por mí, luego lo coloqué en la secadora, el despertador de mi celular a las
6:00 a.m. y dejando alguna persona en el aire en el bbm, caí rendida.
Desperté pasada las 7:00, gracias a
una luz intrusa que se coló por el blackout de las ventanas de mi cuarto, sin
su intervención todavía estaría dormida. ¿Cuál es el problema? Me preguntó mi
padre, tumbando casi mi puerta. No olvidé poner la alarma, me dije cuando
observando al culpable de mis desgracias. Tampoco fue que ignoré el sonido y
continué durmiendo como tantas otras mañanas. Cometí un sencillo y humano
error: p.m.
El amor a desesperada vista.

Hace unos días estaba rodando por el Twitter y en el vi que la amiga de unos amigos publico lo siguiente: "A q se debe q en la vida real el coro de levantar las cosas al mismo tiempo y mirarse a los ojos no da como resultado amor a primera vista".
Lo cual me motivo muchísimo a realizar mi sección en este día, es que no se que putamadre piensan los directores y escritores de películas, novelas, cortometrajes y pakitos al momento de hacer estas escenas, de amor a primera recogida de lo que esta en el suelo.
Lo cual me motivo muchísimo a realizar mi sección en este día, es que no se que putamadre piensan los directores y escritores de películas, novelas, cortometrajes y pakitos al momento de hacer estas escenas, de amor a primera recogida de lo que esta en el suelo.
99 [El castigo de los tacones]
Lunes 19
de septiembre del 2011
Nada es para siempre
Siempre quise ir al lago Enriquillo.
Los comerciales que veía cuando estaba pequeña tuvieron mucho que ver. Me
gustaba el paisaje, el hecho de que hubiese una isla dentro del lago y las
iguanas, por tranquilas y porque gustan de no ser perturbada, como yo. Dejé anotado en algún lugar de mi mente que iría
algún día. Siempre di por inmutable que el lago estaría ahí, esperándome.
Todo el que mantiene una conversación
de más de 10 minutos con mi padre sabe que él nació, orgullosamente, en Chavón
arriba un campo de Higuey. Durante años fue el destino vacacional de la
familia. Tengo que admitir que las mejores vacaciones de mi infancia las pasé allá.
Pero como casi con todo pasa, me cansé. De la tranquilidad campestre, de la apacibilidad
con que pasaban los días, de levantarme temprano, de no tener energía eléctrica
o acceso a internet. Ya ni si quiera el rio era un atractivo. En el 2007 y no
recuerdo el nombre de cuál de las tormentas fue, afectó la isla. Como resultado,
el rio alcanzó niveles desmesurados y cuando volví a verlo ya no era el mismo:
era un charquito, con agujeros por todos lados y peligroso además.
No volví a bañarme más al rio y
actualmente ya no vamos más al campo. No sé cómo afectará al lago Enriquillo
los cambios que está experimentando. Me gustaría que no fueran irreversibles,
para cumplir con mi objetivo. Todos los días nos decimos que tenemos cosas que
hacer, lugares a donde ir y gente que visitar. Dejamos de prestar atención al
entorno y al paisaje, porque estamos aburridos y lo hemos asimilado como parte
de nosotros mismos. A veces estamos demasiado ocupados actualizando nuestro
estado en una red social. Pero si un día
el paisaje se transforma, nos veremos extrañándolo. ¿No es mejor disfrutar de
las cosas sabiendo que son perecederas? Nada es para siempre, dice Luis Fonsi y
yo lo secundo. No estamos seguros de nada: ni de despertar, ni de saber quiénes
somos cuando eso pase. No lo dé por seguro. Vaya a ese lugar, si quiere. Pero
por favor y sobre todo, haga esa llamada. Nada peor que quedarse con la duda de
“que habría pasado si…”.
Walkiria Encarnación
16 de septiembre de 2011
Walkiway.-
Mala para la cotidianidad
Digamos que nació mala para la cotidianidad. No le gustaba tener que levantarse temprano, de hecho, creo que no le gustaba tener que levantarse. Quedarse en pijamas todo el día y que yo le llevara el desayuno a la cama. Al principio me dijeron que quizás estaba deprimida, pero yo la veía partida de la risa escuchando los radio chistes. A veces, no se bañaba. Yo no le recriminaba nada, porque la conocí así y bien lo decía mi madre: la gente nunca cambia. Los loros viejos nunca aprenden a hablar. Yo tenía un perro mudo, se llamaba Shushu. A él no le gustaba ladrar. Dios sabe cuánto lo intenté para que Shushu emitiera un ladrido, nunca conseguí nada. Así mismo era con ella. No conseguí que dejara ningún mal hábito. A veces se levantaba de la cama al medio día e iba por si misma a comerse lo que yo había comprado. No soy amante de la cocina. Luego volvía a la cama, abría las ventanas y se quedaba mirando el vacio como si algo de allí, iba a llegarle. La casa se volvió un muladar apestoso, y yo no encontraba el camino hacia mis cosas entre sus platos, sus pijamas sucios, sus chistes de radio. Un buen día la dejé. No me lo proponía, empecé a caminar y luego me encontré en otra casa con otra esposa. Yo se que está en el mismo lugar escuchando las mismas radio comedias. Que si llego ahora no querrá saber donde estuve y me pedirá la comida del día. Eso es lo que intento pensar, tal vez está muerta; quizás nunca estuvo viva. Respirar no es vivir.
Y nos vamos poniendo viejos...
Los niños siempre quieren saber para
donde van los padres aunque no tengamos ningún derecho a esa información. Solía
preguntarle a mi madre cuando la veía tan bonita y arreglada, ¿Para dónde vas?
Ella siempre me daba la misma respuesta vacía y confusa para mí: para vieja. Me
tomó un tiempo entenderlo. Enganchada con la respuesta, les preguntaba a todos
en mi casa donde quedaba eso. Tú también vas a ir un día, me dijo una vez Mami
Mirna, mi hermana mayor.
Como me lo contó el: [El profesor Euclides]
Los años del liceo
son borrosos, déjame decirte que cuando te vas poniendo viejo la memoria va
seleccionando lo que quiere. Últimamente no estoy seguro de si todo lo que digo
es cierto: presiento que al final voy cambiando las palabras, los personajes,
los colores. Y hasta una simple coma cambia el sentido de una historia. De mis
años en el liceo, solo recuerdo el corre corre para tomar la guagua a tiempo,
los juegos de baloncesto en el patio y yo, escurridizo escondiéndome en uno de
los pisos de arriba para no tener que acudir a la clase de educación física.
Los paseos que dábamos cuando solían despacharnos temprano o mejor, cuando el
portero nos devolvía porque habíamos llegado dos minutos tarde. Y al profesor
Euclides.
99 [Un as de la cocina]
Nadie me
dijo en tiempos de plátanos chiquitos, que no se podían parecer a un guineíto.
La necesidad es la madre de la invención. Nadie escribió en los frascos de
especias, nadie distinguió el orégano de la pimienta. Mami no escribió un
recetario, y esas vainas [las más útiles] no se heredan. Pero las mejores
recetas salieron de la inventadera. Así
que ella le echo azúcar a las habichuelas. Yo no seré nunca una gran cocinera,
pero inventos no faltaran en mi cocina. Dígame si no es cierto que así sea más
entretenido. Dígame, ¿usted ha comido guineítos fritos?
Lo que no quiero de la vida
Es difícil pararse y decir que no sabes para dónde vas. Como cuando
vas manejando y tienes que declarar que te has perdido y con esto admitir que
no sabias por donde ibas y que no sabias lo que hacías. La confianza es muy
importante entre las personas, o por lo menos, aparentarla. En una noche de
insomnio bbchateando con Kattia, llegué al a conclusión de que no estaba muy
segura de lo que quería de esta vida. Ella me preguntó si es que teníamos otra.
Como el personaje de Cristina de la película “Vicky Cristina Barcelona”;
definiré la vida por lo que no quiero de ella.
No quiero tener una familia perfecta. Quiero una familia
divertida, que pelee de vez en cuando y que se reconcilie con más energía que
con la que se pelea. No quiero seguridad en el amor, quiero luchar por el todos
los días. La seguridad mata la pasión.
No quiero dejar mis sueños en un armario y quedarme con la duda,
quiero por lo menos, intentarlo.
No quiero una gran fortuna, solo lo necesario para vivir cómodamente.
[Pero si me la dan, no la devuelvo].
No quiero más enemigos de los necesarios.
No quiero perder el derecho de decir lo que siento, de reírme cada
5 minutos y de ser yo misma.
No quiero demasiadas noches de insomnio y las que tenga, quiero
que sean productivas.
No quiero arrepentimientos.
Quiero tener derecho a cometer errores y reparar. Incluso, todas
las anteriores.
Domingo 14 de Agosto del 2011
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