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Nueve manías mías

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Todos tenemos alguna, muchas veces pasan desapercibidas. Pero si lo piensas bien… He aquí las mías:

1. Revisar las hornillas de la estufa: todas las noches antes de dormir, verifico que las hornillas estén bien cerradas. Supongo que me preocupa tener un sueño psicodélico.

2. Cepillos con tapa: Me desespera la idea de que mi cepillo amanezca en el baño… sin tapa. No sé, tal vez pienso que las bacterias y los bichos harán una fiesta de madrugada. “Cuando el gato no está en casa…”

3. Café-manía: Hubo una época en mi vida que tomaba una cantidad desconocida de tazas diarias… luego fueron solo 5 diarias y ahora son solo 2. Pero me es difícil prescindir de él.

Hablemos de dinero...

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Desde que nuestros ancestros comprendieron que no era justo intercambiar una vaca por unos víveres [O espejitos por oro, en el peor de los casos] crearon el objeto que se convertiría al mismo tiempo en la bendición y maldición del mundo: el dinero.

A nadie le gusta hablar de dinero, excepto a los bancos, a los que nos cobran y a nosotros cuando se trata de recibirlo. Es un tema espinoso e incomodo que ha provocado más de una ruptura y no pocos soponcios. Pero no, tenemos que hablarlo.

La Marioneta, Gabriel Garcia

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Mi sobrina Samantha me llamó a media tarde para que le ayudara con algo.  Tenia la asignación de buscar el siguiente poema de Gabriel García Marquez, para su clase de español. Google me dio respuesta rápido. Pero como una manía incontrolable y tratándose de Garcia Marquez, no pude evitar leerlo. Me encantó. Ahora lo comparto con ustedes, ojala les guste. 




LA MARIONETA
GABRIEL GARCIA MARQUEZ


Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo. 

Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz. 

Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.

Mensaje subliminal

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 Si alguien quisiera hacerme un buen regalo, uno con el que es casi imposible fallar, sin dudas me regalaría un libro. Debo confesar que desde que mi padre me negó la lectura del “Cantar de Mío Cid” cuando tenía 6 años bajo el pretexto de que no lo entendería, y mi madre me regaló la colección de todas las historias infantiles; la lectura ha sido una pasión y casi una obsesión. Me gusta casi de cualquier tipo: historia, ensayo, novela, poesía, cuentos, o libros que estimulen el crecimiento personal. Así que cuando mi Padre y mi mejor amigo me hicieron estos regalos, no supe si alegrarme… o preocuparme.