El mejor regalo de Reyes



Estamos en los 90, mentalmente. Todavía la gente andaba con esos detestables tshirts promocionales que parecían reproducirse solos como microbios, los celulares y las computadoras [Que utilizaban un programa chato y feo llamado MS-Dos]  aun no eran el mejor amigo del hombre ni el nuevo miembro de la familia;  y quien tenía uno de los dos era un privilegiado.

 Los apagones en los noventa seguían siendo apagones, pero a secas: sin inversores, plantas eléctricas o alguna respuesta alternativa. Pero eran la excusa perfecta para hacer correr en la acera, jugar con los vecinos y hacer cuentos esperando ansiosos que llegara la luz antes de la novela de las 10.
La niñez desnutría la inocencia con las canciones no tan inocentes de Wilfrido Vargas, El  General, Sandy y Papo y Kinito Mendez [tremenda nomenclatura]  Con todo esto si se tenía buen ojo, se podía ir viendo lo que vendría luego; pero en los 90’ lo malo y lo bueno se lo dejábamos al año 2000.

Yo recibí regalos de Reyes hasta los 12 años. Eran días donde la navidad se celebraba con todos sus colores y duraba desde octubre hasta enero. Si algo superaba la emoción y alegría del 6 de enero, era la expectativa y la inquietud del día antes, el 05 de Enero. Recibí casi siempre, todos los juegos de niña que podía desear. Sin embargo, el mejor regalo de todos los que recibí en días de Reyes fue el Super Nintendo. No me costó mucho abandonar los juguetes rosados y a la escuálida Barbie y su legión de amigas, novios, profesiones y artefactos,  para pasarme horas enteras frente a una cajita gris, de la cual se desprendía un control con botones de colores capaces de hacer cualquier cosa.  Todos fuimos cayendo, uno a uno, los miembros de mi familia ante su influjo. Pasábamos horas muertas saltando de un árbol a otro con una liana acompañados por dos monos muy simpáticos, no dudábamos en enfrascarnos en peligrosas peleas callejera con personajes de la peor calaña, y delirantes carreras automovilísticas; que de ser ciertas habrían matado del susto a mi madre.

El Nintendo fue un clásico en mi casa. Muchos años después cuando crecimos, llegó el Windows 95, la renta de películas todas las noches, los  Nokia con su incansable culebrita corriendo por la pantalla, pereció arrumbado por el olvido y los años; mi madre quiso recuperarlo. El muchacho de la tienda no le hizo mucho caso y le recomendó una cajita negra que llevaba por nombre Nintendo 64, que pereció mucho más pronto entre las garras de la indiferencia nuestra.  El Super Nintendo fue por mucho el mejor  regalo de reyes que recibí en i infancia.  No fue por el Nintendo en sí, sino lo que logró ese simple aparato. Su merito y su éxito fue ese: lograr reunir a una familia entera frente a un televisor. 

5 comentarios:

  1. ¡Emotivo homenaje al Súper Nintendo! En mi casa pasamos por ese mismo proceso, pero con el Atari®, por eso siento una gran empatía con lo que describes.
    Definitivamente todo tiempopasado fue mejor.

    Por otro lado me atrapó tu prosa.

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  2. Muchas felicidades por tu producción literaria, me siento orgulloso de haber compartido con una destacada y perspicaz escritora en potencia. Que bueno que la cultives de esta manera!

    D.M.

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  3. Gracias! :) [Y yo loca por saber quien me escribió ese mensaje, porque es anónimo :( ]

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  4. Perdona por dejarte con dudas.


    Diego Muñoz.

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  5. awww Diego, se te echa de menos por aquí!! <3

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