Caracter 99: [Las palabras]

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Las palabras no rompen hueso las palabras se las lleva el viento, el papel aguanta todo, la realidad supera la fantasía, el discurso se le va por encima a las dos. Hay una palabra para cada cosa, el vocabulario es infinito. Pero al final ¿Qué son? Solo son combinaciones de las letras del abecedario, si yo tengo mayoría absoluta puedo cambiarles el significado. Que amor signifique odio, que paz signifique guerra, que tu signifique yo, y que yo signifique ella. Que todo signifique nada y que nada signifique todo. Que mierda signifique buena,  y que buena signifique mierda. Buena mierda.

Las cosas segun yo [28/03/11]

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A mí me gustaban mucho los cumpleaños. Eran a las 4:00 p.m. y la esposa de mi hermano empezaba a arreglarme a las 2 de la tarde. Yo no podía moverme mucho después de vestida y peinada con un calor solo parecido al del día de mi graduación: un vestidito [casi siempre blanco] con un poco de creolina que me hacía ver como una princesita [esos vestidos ya no vienen mas], un moño apretadísimo [que me sofocaba los pensamientos], tanta colonia que casi no me dejaba respirar, una media panti blanca larga, y como si esto fuera poco, unas mediecitas con unos zapatos blancos.  Pero como dije, me gustaban los cumpleaños. Había un momento de la fiesta en la que los anfitriones hacían que todos los niños bailaran y yo nunca quería pararme. Pero mi madre siempre me hacia hacerlo y a mí nunca se me ocurrió discutirle esa idea. Así aprendí a bailar merengue [todo lo otro lo aprendí por disposición propia]. Ahora es muy difícil que yo le diga a una de mis sobrinas, párate a bailar si ella no quiere. [Aunque para lo que se escucha en las fiestas  ahora, yo les rogaría que se quedaran sentadas.] Nuestros abuelos tenían una forma muy especial de definir crianza, pero que no estaba lejos de ser muy acertada. Y para ellos esto valía más que el dinero y que cualquier otra cosa que una persona pudiera poseer. En los mejores casos, traspasaron esto a sus hijos y ellos nos criaron a nosotros. Yo me perdí de algunas cosas por esto, tener una bicicleta [porque no tenía patio y en la calle no vas a correr], ir a una pijamada [uh uh] o ir a un viaje acuático [menos, usted no sabe nadar]. Pero la verdad, es que no se disminuyó en nada mi infancia por no tener esas cosas. Y en esos días uno se enoja tanto… pero cuando crece todo adquiere sentido. No estamos en los mismos días, es verdad; quizás los padres de ahora tienen razón en argumentarlo. Hoy hay que ser amigos de los hijos y no sus padres, dicen otros. Yo no estoy de acuerdo. Si mi madre hubiese sido mi amiga, no habría podido ser mi madre. Y se sobrevive más fácil sin una amiga que sin una madre ;)   28/03/2011

Como me lo contó el

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"Fue para la semana santa de ese año que llegaron al campo las  primas de Pilar. Tenían pantalones cortos y sandalias masculinas, una llevaba el pelo corto como un hombre, y hablaba rápido y alto, con mucha seguridad. Se maravillaban con todo: como le sacaban la leche a las vacas, si no les dolía,  las arepitas de nata, como las gallinas ponían huevos, o  que si no se ponían celosas porque el gallo era el esposo de todas. Era tanta la energía que Pilar se veía disminuida ante la personalidad de sus primas. Iban al rio 3 veces al día y se bañaban en unos trajecitos de colores y flores que mostraban más de lo que ninguno de nosotros habíamos visto hasta el momento. Iban a la iglesia una vez al día y a rastras por imposición de la madre de Pilar. Enseñaron a las muchachas un baile nuevo, contoneando mucho las caderas  y como colocarse brillito labial usando el aceite de oliva de la casa. Hablaban con los varones sin miedo y jugaban vitilla tan bien, que las incluí en mi equipo. Me hice amigo de la mayor, María Fernanda, que tenia pequitas rosadas en las mejillas y hablaba rápido como si alguien la estuviese esperando.  Le enseñé a batear correctamente a cambio de que me enseñara a bailar. Mira que se esforzó, pero como tu bien sabes, bailar nunca ha sido una de mis virtudes. La tía andaba todo el día detrás de ellas voceando sus nombres y dándole ordenes. No juegues con varones, no juegues vitilla, no vayas al rio, quédate tranquila. Las primas de Pilar se fueron el domingo de resurrección y regalaron todo lo que tenían: los espejitos, los lazos para el cabello, el esmalte natural de uñas y los labiales de juego que habían traído. Antes de irse, María Fernanda me dijo que cuando creciera y fuera al pueblo a estudiar el bachillerato, no dejara de buscarla. “Vivimos al lado de la iglesia, es fácil de llegar”, y me regaló un libro que su padre le había dado para leer, pero a ella no le gustaba eso. La visita de las primas nos dejó con una sonrisa en los labios por mucho tiempo y un resentimiento en las muchachas del pueblo que nos costó semanas deshelarlo y lograr que dejaran de ignorarnos. Yo siempre recuerdo a las dos primitas porque ellas me enseñaron algo que me serviría para toda la vida y que me abrió los ojos: después del rio, había todo un mundo por conocer".  25/03/2011 





Carácter 99

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El hombre sabía que se iba a morir y talló su nombre en el tronco de un árbol. Escribió un libro, hizo un autorretrato. No quería que su nombre se perdiera, quería pasar a la historia. Dedicó su vida entera a pasar a la inmortalidad, y muchos de sus grandes errores, fueron por ello. Buscando la perfección hasta en las alas de una mariposa, demostrando que todo puede tenerse.  Pero de vez en cuando la naturaleza  se sienta y se ríe  diciéndonos que no somos tan geniales  y que solo toma dos segundos borrarnos con todo y nuestra obra. 



Marzo 14/11