Hace 19 horas
Como me lo contó el
"Fue para la semana santa de ese año que llegaron al campo las primas de Pilar. Tenían pantalones cortos y sandalias masculinas, una llevaba el pelo corto como un hombre, y hablaba rápido y alto, con mucha seguridad. Se maravillaban con todo: como le sacaban la leche a las vacas, si no les dolía, las arepitas de nata, como las gallinas ponían huevos, o que si no se ponían celosas porque el gallo era el esposo de todas. Era tanta la energía que Pilar se veía disminuida ante la personalidad de sus primas. Iban al rio 3 veces al día y se bañaban en unos trajecitos de colores y flores que mostraban más de lo que ninguno de nosotros habíamos visto hasta el momento. Iban a la iglesia una vez al día y a rastras por imposición de la madre de Pilar. Enseñaron a las muchachas un baile nuevo, contoneando mucho las caderas y como colocarse brillito labial usando el aceite de oliva de la casa. Hablaban con los varones sin miedo y jugaban vitilla tan bien, que las incluí en mi equipo. Me hice amigo de la mayor, María Fernanda, que tenia pequitas rosadas en las mejillas y hablaba rápido como si alguien la estuviese esperando. Le enseñé a batear correctamente a cambio de que me enseñara a bailar. Mira que se esforzó, pero como tu bien sabes, bailar nunca ha sido una de mis virtudes. La tía andaba todo el día detrás de ellas voceando sus nombres y dándole ordenes. No juegues con varones, no juegues vitilla, no vayas al rio, quédate tranquila. Las primas de Pilar se fueron el domingo de resurrección y regalaron todo lo que tenían: los espejitos, los lazos para el cabello, el esmalte natural de uñas y los labiales de juego que habían traído. Antes de irse, María Fernanda me dijo que cuando creciera y fuera al pueblo a estudiar el bachillerato, no dejara de buscarla. “Vivimos al lado de la iglesia, es fácil de llegar”, y me regaló un libro que su padre le había dado para leer, pero a ella no le gustaba eso. La visita de las primas nos dejó con una sonrisa en los labios por mucho tiempo y un resentimiento en las muchachas del pueblo que nos costó semanas deshelarlo y lograr que dejaran de ignorarnos. Yo siempre recuerdo a las dos primitas porque ellas me enseñaron algo que me serviría para toda la vida y que me abrió los ojos: después del rio, había todo un mundo por conocer". 25/03/2011
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