Lo que aprendimos de las telenovelas

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Mi tía Sarah era una novelera 1-A. De esas que ni bien terminan los oficios para sentarse frente al televisor sin que exista ser humano que pueda interrumpir o la haga interesarse en otra cosa. Mi tía se tiraba todas las novelas: desde las infantiles hasta el culebrón más fuerte, el de las 10:00 p.m. A mí no me gustan las Telenovelas, pero eso es porque ya quemé mi etapa de Tía Sarah. No pienso negar que alguna vez fuera novelera. No sé que tienen, empiezas a verlas dices que son un disparate, conoces cada mínimo detalle y hasta cómo va a terminar, pero igual sigues con el control en la mano y no cambias de canal. A ellas le debemos la ½ de psicología barata que tenemos (la otra mitad nos la dio Cristina)  y clases de vida que nos acompañaran por siempre. ¿Qué aprendimos con las novelas?