Ser o estar

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   Me gustaba hablar con ella porque hablaba un español sin parches, sin atropellarlo con todo en su sitio. Era como asistir a una clases de español gratuita, así era hablar con la colombiana del cuarto piso. Además era muy educada.  Nunca superé ese respeto enfatizado en la segunda persona formal  y el preámbulo que siempre acompañaba cualquier petición: un permiso, una aprobación ante la más mínima intervención. Ella y su esposo eran la antítesis de los personajes colombianos que veíamos todas las noches en las novelas colombianas, poniendo de manifiesto que generalizar sobre personas y conjuntos humanos, siempre será una mala costumbre.