Hace 19 horas
Ser o estar
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Tranquilos y buenos inquilinos, la pareja colombiana de la cuarta
planta eran de los mejores que habían vivido en el edificio. Eran veganos y
ecologistas. Mostraban un respeto por el medio ambiente y por si mismos
que admiraba pero no me atrevía a
imitar.
Me parecía que llevaban una vida saludable [Buena
para ellos, no para mí].
Y esto lo
confirmé el día en que hablando con ella me presentó la alternativa verde a dos
piezas desechables que a mi entender, era impensable volver atrás: pañales y
toallas sanitarias. El progreso tiene cosas irrevocables y a las que nunca
vamos a querer renunciar. El argumento era justo y bonito: ahorrabas una
cantidad de dinero considerable y al mismo tiempo, estabas colaborando con la
causa medio ambiental. Además eran estéticos y duraderos. Decliné amablemente, con
excusas discutibles, incapaces de
convencer a nadie, incluso a mí.
Este
evento me hizo cuestionarme por primera vez sobre mi política ambiental. Entonces,
¿Estaba yo haciendo mal por no apoyar [sobre todo con el ejemplo] esta causa?
¿Dónde quedaban mis pequeñas eco-acciones como lanzar la basura al zafacón, no
imprimir todo lo que llega a mi correo, cerrar el grifo mientras me cepillo,
usar carpetas de papel reciclado [que como cualidad tenían ser más feas y caras
que las regulares], comprar bolsas de tela, etc.? Admito que es más fácil
vestir el verde que ser verde. Quizás es por eso que cada vez que compramos
algo, nos dice que estamos contribuyendo a alguna causa noble; es un intento de
callar la conciencia y mandarnos a casa tranquilos: no solo somos consumistas sino
que somos verdes, socialmente preocupados e interesados. Los medios y la publicidad [que es la que
dictamina cosas tan relevantes como si
merecemos perecer por un color usado fuera de temporada] nos hacen
pensar y hasta sentir mejor por tirar un papel al zafacón, cuando quizás solo
estamos contribuyendo con que la ciudad esté más limpia. Y mientras saco la
basura por segunda vez en el día, me pregunto si lo que hacemos es suficiente
para salvar el mundo. Nadie quiere ser parte del problema, pero pocos están
dispuestos a sacrificar las comodidades de este mundo moderno. En el mejor de
los casos, es mejor no saber que tendríamos que hacer o cual sería nuestra
cuota de responsabilidad/compromiso. Como dice el dicho, el camino al infierno
está minado de buenas intenciones.
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