Lunes, viernes y otras mañas


Después de los políticos y los impuestos, la cosa más odiada es el lunes. La aversión al lunes nace el domingo por la noche, preferiblemente, ante la lista mental de pendientes que nos espera para el día siguiente. Lo que nunca hemos pensado que el “odio al Lunes” responde a una acostumbrada predisposición  al inicio de la semana, algo que llevamos haciendo más o menos… toda la vida.  Y si no me lo creen, ¿Acaso no eran ustedes de esos brillantes estudiantes que dejaban la práctica de inglés para el domingo por la noche?

Y es precisamente esta la principal razón por la que la gente odia el lunes: está predispuesta. La predisposición hacia el lunes nace el domingo, cuando las personas empezamos a preocuparnos por un día que no ha llegado [y que, aceptemos, no sabemos si llegaremos a ver]. Mentalmente, estamos predisponiéndonos a tener un pésimo día y como si fuéramos magos, exactamente eso ocurre.

De tal finde tal lunes. La calidad del lunes está directamente relacionada con lo que estuvimos haciendo durante el fin de semana. [Breve espacio para pensar en lo que estuviste haciendo todo el fin de semana…] exactamente. ¿Qué uso le dimos al finde? Si eres de los que aprovecha para “vivir la vida” probablemente sentirás morir un lunes por la mañana. Sin contar que nuestro horario sufre una brusca modificación y más de uno se queda viendo televisión hasta tarde. El mensaje para el cuerpo puede llegar a ser confuso.

Viernes: sobrevaluado. El viernes es un día totalmente sobrevalorado. Es uno de los días más estresantes de la semana, donde todos andan de prisa, algunos planean viajes fuera de la ciudad, los tapones  y las colas en los súper mercados incrementan. ¿La diferencia? La predisposición hacia el viernes, que por estar relacionado con el inicio del fin de semana, es bien asimilado. Sobre todo, tomando en cuenta que la mayoría de las personas en este país deben trabajar sábado [aunque sea medio turno], entonces, ¿que celebramos en viernes?

Días ignorados. La semana tiene 7 buenos días, pero la gente solo piensa en dos, precisamente, ¡pasa la semana entera pensando en dos días que aun no han llegado! Podría funcionar tomar uno de estos días ignorados, balanceándolos correctamente y escogiendo con cuidado actividades relajantes y agradables, podrían rescatar nuestro estado de ánimo y darnos energía para lo que resta de semana.

Todos los días son buenos. No se trata de etiquetar un día o dos como buenos y malos, pues todos son un regalo de Dios y deben ser vistos como una nueva oportunidad. Tachar días de malos, seria predisponerlos y resignarlos a ser así. Cambiemos el slogan: amemos los lunes, que sería como estar abiertos a la vida y al agradecimiento, por cada lunes vivido y por cada lunes por vivir.



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