Vidas prestadas



Nació Yadira, después de 9 meses que se hicieron largos para mi sobrina Indira haciendo todo lo que su humanidad le permitía para que así sucediera. Exitosamente, Yadira vio la luz del mundo el 16 de diciembre, luego de que se cambiaran en dos ocasiones la fecha, y Dios hiciera lo suyo determinando que ese sería el día de su nacimiento. Y entre la alegría y el alivio de que todo saliera bien, veo a mi sobrina mayor lidiando con un nuevo reto y una nueva faceta en su vida: la de ser madre. Me pregunto, ¿no se estará muriendo de miedo?  Yadira nunca volverá a ser tan suya como lo fue durante esos 9 meses de celosa posesión, donde Yadira era parte de ella y dependía totalmente de su madre para sobrevivir.  Jamás dejará de sorprenderme los misterios de la maternidad. Mientras Yadira duerme plácidamente junto a su primer regalo, una muñeca de trapo, sin saber cómo llegó aquí en la más cómoda de las ignorancias,  yo hago una silenciosa reverencia ante el milagro materno. Pero sobre todo, un profundo y callado agradecimiento hacia mi madre, por haber aceptado y nunca haber dudado, a la hora de tenerme. Por haber puesto su vida en el ruedo por mi nacimiento, ofreciéndolo todo a cambio de nada, de una vida prestada, que tarde o temprano encontrará sus propias alas. 

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