A mi no me enseñaron eso


Entré a la universidad un 4 de septiembre un mes después de graduada. Era lunes. En ella duré 4 años, 48 meses, 192 semanas, casi 1,500 días y una cantidad de horas que prefiero no estimar. Recibí alrededor de 100 asignaturas, donde me prepararon para lo que sería mi vida laboral cuando pusiera un pie en la calle. Estábamos convencidos que horas de cátedra, consejos de los mejores profesionales en la materia,  exámenes duros, un par de pronunciadas ojeras, prácticas kilométricas terminarían por templarnos el carácter y nos dejarían listos para comernos la calle. No pudimos estar más errados.  
Nunca nos prepararon para el mercado laboral dominicano, donde una de las máximas que prevalece  es que más vale tener una buena referencia que un buen grado en tu currículo. 

No nos prepararon para la alta tasa de desempleo y la verdadera odisea de ser contratado cuando acabas de salir de la universidad. No se sabe muy bien que quieren los empleadores: una mezcla de conocimiento, experiencia y juventud que es casi imposible ofrecer al mismo tiempo. Nadie nos advirtió que entre tantos graduados, un surtido grupo tendría que ir a engrosar ese listado de desempleados, por muy buena “estrella” que tuviéramos o muy buen grado hubiésemos obtenido.

Nunca fuimos advertidos de la diferencia entre la realidad y los libros. Las cosas son como son y en un país como el nuestro, puedes irte de boca intentando reconocer “lo que debe ser” en lo “que realmente es”. Salimos con un conjunto de ideas preconcebidas que ni en sueño ocurrirán. Nos hubiese hecho mucho bien la advertencia de “adaptarse al sistema”. Nunca nos dijeron de algunos pequeños "detalles", con los que nos encontraríamos en el camino. Como el cobro de ciertos servicios, dependerá mucho de si estás empezando, de si es familiar/amigo/conocido, y de todos los trabajos que tendrías que hacer solo para causar una buena primera impresión.

Y después de cuatro años estudiando, descubres que la mayoría de las respuestas no están en los libros, precisamente. Vale más tener un buen contacto, un colega de experiencia que te guie en el camino. El diablo no es lo que es por diablo sino por viejo. Pero sobre todo no nos dieron dosis de paciencia para entender que sin ella, nuestro inicio en el camino a la inserción laboral sería un poco decepcionante y podía desanimar a cualquiera.

Para lo que si sirvieron esos 4 años fue para hacernos pensar en grande. Sabemos lo que queremos y como queremos llegar a ser. Lo importante es no olvidarlo y que nos sirva de motivación. En esta empinada, cuando estés cansad@, vuelve atrás a los inmejorables años universitarios: entre recuerdos de amigos, clases, horas muertas en un corredor, libros, risas, tazas de café, noches de insomnio, encontrarás la motivación suficiente para continuar. Buena suerte.  

1 comentario:

  1. Excelente! me encanta y muy adaptado a la realidad, ciertamente de tanto tiempo invertido no nos enseñaron ni como cobrar ni mucho menos que la mayoría de la soluciones que buscamos tenemos que inventárnosla por que no están descritas en libros. Me encantó este artículo;
    :)

    Sigue así que vas bien, y muy buen llamado a la población para que no descansen en la búsqueda de nuestra felicidad.

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