Mensaje subliminal




 Si alguien quisiera hacerme un buen regalo, uno con el que es casi imposible fallar, sin dudas me regalaría un libro. Debo confesar que desde que mi padre me negó la lectura del “Cantar de Mío Cid” cuando tenía 6 años bajo el pretexto de que no lo entendería, y mi madre me regaló la colección de todas las historias infantiles; la lectura ha sido una pasión y casi una obsesión. Me gusta casi de cualquier tipo: historia, ensayo, novela, poesía, cuentos, o libros que estimulen el crecimiento personal. Así que cuando mi Padre y mi mejor amigo me hicieron estos regalos, no supe si alegrarme… o preocuparme.


El tema de la relación entre la  cocina y yo es historia patria. Nunca me he encontrado cómoda en esa zona que etiqueto como “peligrosa”, donde la mujer se interna sin más arma que un cucharón y por escudo un mandril, teniendo todas las posibilidades de salir salpicada, lastimada y con el rostro lleno de salsa de tomate, pomada por referencia heredada de nuestras antepasadas. Pero que este libro fuera un regalo de mi padre no fue una indirecta y mucho menos un mensaje subliminal, sino una clara y directa petición de que hiciera las paces con las cacerolas y aprendiera a cocinar de una vez por todas.


El otro libro me asustó un poco más por inesperado: ¿Qué se puede esperar un libro con semejante titulo? El hecho de que procediera de mi mejor amigo [Persona que se presume, me conoce mejor, es justo preguntarse, ¿Acaso soy yo una cabrona?] me hizo reír nerviosamente. Con los libros como con las personas no es bueno generalizar ni prejuzgar demasiado temprano, siempre es bueno conocerlos y formarse su propia e independiente opinión.  Y a veces, muy en contra de nuestra voluntad y empeño, lograrán convencernos. Esto me ocurrió a mí con los antes mencionados.  El primero un práctico y útil recetario excelente para cocineras primerizas, que no se pierde en explicaciones superfluas ni en recetas que parecen traídas de otro planeta y que además  proporciona las recetas infaltables en el menú de todo hogar dominicano. El segundo, mucho más útil aun, enfrenta sin aspavientos el estrés en la mujer moderna, el caos como modo de vida [y de la falta de esta diría yo]  y como la mujer puede resolverlo sin dejar de ser una perfecta cabrona. [Véase la definición del libro].

Lección aprendida: nunca juzgues un libro por su tapa. [Aplicable para una cantidad ilimitada de situaciones.]


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