Nada es para siempre


Siempre quise ir al lago Enriquillo. Los comerciales que veía cuando estaba pequeña tuvieron mucho que ver. Me gustaba el paisaje, el hecho de que hubiese una isla dentro del lago y las iguanas, por tranquilas y porque gustan de no ser perturbada, como yo.  Dejé anotado en algún lugar de mi mente que iría algún día. Siempre di por inmutable que el lago estaría ahí, esperándome.

Todo el que mantiene una conversación de más de 10 minutos con mi padre sabe que él nació, orgullosamente, en Chavón arriba un campo de Higuey. Durante años fue el destino vacacional de la familia. Tengo que admitir que las mejores vacaciones de mi infancia las pasé allá. Pero como casi con todo pasa, me cansé. De la tranquilidad campestre, de la apacibilidad con que pasaban los días, de levantarme temprano, de no tener energía eléctrica o acceso a internet. Ya ni si quiera el rio era un atractivo. En el 2007 y no recuerdo el nombre de cuál de las tormentas fue, afectó la isla. Como resultado, el rio alcanzó niveles desmesurados y cuando volví a verlo ya no era el mismo: era un charquito, con agujeros por todos lados y peligroso además.

No volví a bañarme más al rio y actualmente ya no vamos más al campo. No sé cómo afectará al lago Enriquillo los cambios que está experimentando. Me gustaría que no fueran irreversibles, para cumplir con mi objetivo. Todos los días nos decimos que tenemos cosas que hacer, lugares a donde ir y gente que visitar. Dejamos de prestar atención al entorno y al paisaje, porque estamos aburridos y lo hemos asimilado como parte de nosotros mismos. A veces estamos demasiado ocupados actualizando nuestro estado en una red social.  Pero si un día el paisaje se transforma, nos veremos extrañándolo. ¿No es mejor disfrutar de las cosas sabiendo que son perecederas? Nada es para siempre, dice Luis Fonsi y yo lo secundo. No estamos seguros de nada: ni de despertar, ni de saber quiénes somos cuando eso pase. No lo dé por seguro. Vaya a ese lugar, si quiere. Pero por favor y sobre todo, haga esa llamada. Nada peor que quedarse con la duda de “que habría pasado si…”.



Walkiria Encarnación
16 de septiembre de 2011


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