99 [El castigo de los tacones]

 Se hicieron para recordarnos que la perfección no existe. Que seriamos esclavas de nuestras propias pretensiones: pelo hermoso, piel brillante, labios rojos y tacones altos. Nos condenaron a errar por el mundo, igual que al hombre, pero en tacones; soportando el peso de nuestro cuerpo, recordándonos todos los días los excesos cometidos. Caminar entre las calles y aceras de Santo Domingo, entaconada, haciendo malabarismos entre hoyos y contenes, desechos, piropos y otros “halagos” callejeros. Pero lo peor no es la travesía, tampoco lo es la tortura ni el castigo, lo malo es que lo preferimos: es un castigo consentido.

Lunes 19 de septiembre del 2011 

No hay comentarios:

Publicar un comentario