Es natural





Cuando me dijeron que había muerto el tercer pez en veinte días, concluí que aunque mi sobrina amara mucho los animales no era muy buena con ellos; Porque, ¿Qué clase de complicaciones podría dar un pez? No hacen ningún ruido, no se envían al veterinario y sirven para decorar. ¿Qué puede salir mal? Intenté bromear sobre el tema pero mi madre me lo impidió porque mi sobrina estaba llorando.
Era un buen momento para ser una tía normal e ir a consolarla. La encontré dramáticamente sentada, todavía con el uniforme, junto a la pecera [¿La teatralidad se hereda?]. Me senté frente a ella pero en cuanto me vio y supo de qué hablaríamos, se echó a llorar de nuevo. Quería explicarle unas cuantas cosas que ya debía entender. Por ejemplo, la más básica de todas, es algo muy natural, que les pasaría a todos incluso, a nosotras mismas. Y aunque mi madre pensara que era una exageración llorar por las mascotas, ella tenía todo el derecho de hacerlo.  Que sus padres morirían algún día [por mucho Dios los libre que yo dijera, nadie podía cambiar eso] y que probablemente si las cosas se dan como deben de ser, quedaría viuda [las estadísticas lo dicen, no yo]; y que aunque esperaba nunca le sucediera, podía a llegar a perder una cantidad desconocida de seres queridos.  La muerte vivía pisándonos los talones incluso antes de nacer y que siempre seria así: como dice la frase célebre muy segura de su triunfo.  
Empecé con el clásico “todos vamos a morir un día”, pero ella volvió a llorar y a balbucear algo sobre la alimentación correcta de un pez que había buscado en Google. Pensé que era mejor saltarme la parte de los padres. Intenté decirle que la muerte era flaca y bonita según Saramago [¡ah, la discriminación!] pero pensé que tendría que dar muchas explicaciones posteriores. Comprendí la definitividad de la muerte y que aunque llevamos bastante tiempo lidiando con ella, no conocemos nada diferente y aun sabiendo que es segura, seguimos reaccionando exactamente igual que la primera vez.  Entonces recordé algo que tal vez pudiera decir, que escuché en el servicio religioso de la hace poco fallecida estrella de la música, Withney Houston: [No digo que fuera así textualmente, pero me gusta pensar que si. No recuerdo quien lo dijo.] “Pensamos que lo más grande es la muerte; pero el amor la supera. La muerte no es más grande que el amor”.  Deseché todo eso. La vida tiene sus propios métodos. Le dije que tal vez, deberíamos pensar en comprar peces nuevos. 

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