Hace 19 horas
Es natural
Cuando
me dijeron que había muerto el tercer pez en veinte días, concluí que aunque mi
sobrina amara mucho los animales no era muy buena con ellos; Porque, ¿Qué clase
de complicaciones podría dar un pez? No hacen ningún ruido, no se envían al
veterinario y sirven para decorar. ¿Qué puede salir mal? Intenté bromear sobre
el tema pero mi madre me lo impidió porque mi sobrina estaba llorando.
Era un
buen momento para ser una tía normal e ir a consolarla. La encontré dramáticamente
sentada, todavía con el uniforme, junto a la pecera [¿La teatralidad se hereda?].
Me senté frente a ella pero en cuanto me vio y supo de qué hablaríamos, se echó
a llorar de nuevo. Quería explicarle unas cuantas cosas que ya debía entender.
Por ejemplo, la más básica de todas, es algo muy natural, que les pasaría a
todos incluso, a nosotras mismas. Y aunque mi madre pensara que era una
exageración llorar por las mascotas, ella tenía todo el derecho de hacerlo. Que sus padres morirían algún día [por mucho
Dios los libre que yo dijera, nadie podía cambiar eso] y que probablemente si
las cosas se dan como deben de ser, quedaría viuda [las estadísticas lo dicen,
no yo]; y que aunque esperaba nunca le sucediera, podía a llegar a perder una
cantidad desconocida de seres queridos.
La muerte vivía pisándonos los talones incluso antes de nacer y que
siempre seria así: como dice la frase célebre muy segura de su triunfo.
Empecé
con el clásico “todos vamos a morir un día”, pero ella volvió a llorar y a
balbucear algo sobre la alimentación correcta de un pez que había buscado en
Google. Pensé que era mejor saltarme la parte de los padres. Intenté decirle
que la muerte era flaca y bonita según Saramago [¡ah, la discriminación!] pero
pensé que tendría que dar muchas explicaciones posteriores. Comprendí la
definitividad de la muerte y que aunque llevamos bastante tiempo lidiando con
ella, no conocemos nada diferente y aun sabiendo que es segura, seguimos
reaccionando exactamente igual que la primera vez. Entonces recordé algo que tal vez pudiera
decir, que escuché en el servicio religioso de la hace poco fallecida estrella
de la música, Withney Houston: [No digo que fuera así textualmente, pero me
gusta pensar que si. No recuerdo quien lo dijo.] “Pensamos que lo más grande es
la muerte; pero el amor la supera. La muerte no es más grande que el amor”. Deseché todo eso. La vida tiene sus propios métodos.
Le dije que tal vez, deberíamos pensar en comprar peces nuevos.
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