Hace 19 horas
El hombre de la manzana
Murió Steve Jobs. Una persona, como muchos destacaron esa noche. Las redes sociales se inundaron con
la noticia. La mayoría con muestras de admiración y condolencia, pero por
supuesto, una oleada adversa de comentarios emanados del grupo “yo VS el mundo”.
Leí todo lo que se lee cuando una figura pública y conocida muere:
frases de desmedido y familiar afecto para una persona que no conoces, chistes
negros, pero sobre todo lo que más noté era mucha admiración y respeto entre
los que escribían.
Quien pretenda encontrar un hombre sin defectos y señalar solo sus
cosas positivas, ha fallado desde antes de empezar. A cada quien debe de reconocérsele
lo suyo sin mezclar con lo otro y viceversa. Entiendo la admiración que muchos
expresaron y siguieron expresando el resto de la semana. Relativamente joven,
trabajador y con una visión fuera de serie, fue el cofundador de una compañía exitosa,
solida y representativa de nuestra generación.
¿Quién no quisiera ser como Jobs? ¿Quién no desearía lograr su éxito?
Todos quisiéramos poder ser como él. Dejar huellas y transformar el mundo [o el
de algunas personas] de manera práctica.
No todos desean hundirse en un libro de historia para inspirarse, para
investigar personajes de cuyas hazañas no tenemos ninguna certeza y que aunque
muy grandes, no tienen ninguna concordancia con nuestra época. También vale
resaltar que llevamos mucho tiempo haciéndolo.
Necesitamos hombres y mujeres comunes y corrientes, pecadores en
esencia, equivocados y enmendadores. Que lograron sus propósitos por la fuerza
de la consistencia, el trabajo duro y la inteligencia. Que desafiaron mitos
relacionados con palabras como “edad”, “inexperiencia”, “descendencia”.
Decididamente no queremos seguir inspirándonos en políticos que
pretenden ser y dicen provocar cosas que nunca llegan a ser ni a hacer.
Simplemente, alguien igual que nosotros, no un enviado del cielo. No que nació
con condiciones especiales, sino que el mismo se las forjó. El héroe moderno
definitivamente no usa capa, no lo sabe todo y no nació súper héroe: se
convirtió en uno.
Gente común y corriente viviendo y cumpliendo sus sueños. ¿Está
mal admirar eso?
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