No perdamos la buena costumbre


De decir buenos días, de apretarnos las manos, de mirarnos a los ojos cuando hablamos. No perdamos la buena costumbre de tomar a los niños de la mano, de mirar el paisaje, de darle besos al viento, y  de presionar el botón del olvido.

No dejemos de sonreír, pase lo que pase, de hacer amigos. No perdamos la buena costumbre de tener fe, de sentirnos esperanzados, de creer en nosotros mismos, de confiar, aunque cueste, en la virtud y bondad de nuestros iguales.

No dejemos de tomar café acompañados, de mirar hacia ambos lados en la calle, de observar el cielo y soñar con alcanzarlo. Que no se pierda la buena costumbre de jugar con los niños, de cantar en la ducha, de comer dulces y hacer cosquillas.

No perdamos la buena costumbre de besar la mejilla de quien amamos antes de dormir, de dar las gracias al despertar, de ver las mariposas en su vuelo, de acariciar a los perros, de soñar despiertos.  De escuchar música con los ojos cerrados, de reírnos sin razón delante de la gente, de emocionarse, de sorprenderse.

Pero sobre todo, que no se pierda la buena costumbre de querer ser mejores personas. Tal vez un día, sin proponérnoslo, haciendo un compromiso intimo con uno mismo, llegamos a algo. Mientras tanto, mantengamos las buenas costumbres.

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