La generación de mis sobrinos




“Todo pasado fue mejor”  ¿Es nuestra incapacidad para aceptar los cambios lo que siempre nos hace pensar que lo bueno se quedo atrás? Dice un amigo de mi padre que el mundo se acabó en el año 1990 y que todo lo que vivimos a partir de ahí, fueron los desechos de un mundo en decadencia. Las generaciones de nuestros padres no dudan un segundo en tacharnos y etiquetarnos: la música no sirve, los jóvenes no están en nada, se visten mal (o mejor dicho NO se visten), tienen malos modales y nunca hacen nada por la sociedad o por ellos mismos. Viniendo de la generación de mis padres parece justo: ellos lograron cosas que, tomando en cuenta los retos que enfrentaron, fueron verdaderos triunfos producto de mucho esfuerzo y determinación. Pero eso no se queda ahí. Nuestros abuelos decían lo mismo sobre nuestros padres. Y todavía allá en el pasado, hay una bisabuela quejándose de que los jovencitos ya no vienen como antes.


Como las costumbres aprendidas, nosotros solemos hacer lo mismo con la generación que nos sigue. Fácilmente etiquetamos a “los menores” [empezando por ese nombre despectivo] como holgazanes, malcriados, que no siguen ninguna regla y no respetan a los adultos. Nadie nunca se ha detenido a ver qué tiene de bueno la generación que le sigue. Pensando en eso y dejando de lado sus mas que notorios defectos; llegué a la conclusión que esta es, si ellos así lo deciden, la que tiene más condiciones y la que puede cambiar el mundo.

Todo tiene un por qué. El principio de la sabiduría es la duda. Quizás por eso encontramos que los niños en estos días, saben demasiado. Mis sobrinos me han enseñado que para aceptar o no algo, es necesario conocer las razones. ¿No es lógico? Si un niño nos cuestiona, solemos paralizarnos, quizás porque no estamos acostumbrados a eso; posiblemente de niños nunca pudimos cuestionar un mandato. Parece ser que el problema no es la pregunta sino la respuesta. ¿Podemos establecer reglas si no somos capaces de justificarlas? La autoridad debe ser respetada, cierto, pero también puede ser cuestionada. Y ella debe estar preparada para dar una buena respuesta, sin que esto sea una justificación para la indisciplina.


Googleo, pienso y luego existo. Aunque a muchos no le parezca bien esta práctica, [quizás porque confiar demasiado en todo lo que aparece en la red no sea lo más apropiado], en principio no está tan mal. Pues lo que los jóvenes han aprendido a través de esta experiencia es que no se puede hablar de algo que no se conoce. Y ya que tenemos las respuestas a un par de click, ¿por qué no hacerlo? Si vamos a emitir un juicio, al menos que sea sobre alguna base.

Renovar o morir. Miguel de Unamuno decía que el progreso consistía en renovarse. Probablemente esa sea una de las principales causas a las que le atribuimos el fracaso de muchos proyectos hoy en día. Los adolescentes de hoy no tienen ese problema. Adictos a la novedad, sin ataduras por lo viejo, la generación de mis sobrinos está lista para vivir en renovación constante y sin mirar atrás.


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