Hace 19 horas
Como me lo contó él
Por pura zanganería, me metí en el activismo político. En esos años, si me hubiesen detenido en la calle y preguntado, yo no habría sabido que decir. Pero viví en carne propia las persecuciones al estudiantado. Así que fue fácil decidir, y me fui con ellos, los rebeldes de la izquierda. Yo a duras penas podía mantener por mí mismo, estaba en la universidad, ya había logrado mucho con eso. Pero nadie sabía en verdad que duro era. Mi hermana Florentina había decidido seguirme y eso me agregaba una presión extra en los hombros y en el bolsillo. No fue por puro convencimiento que fui a las reuniones. También reconozco que los pensé o imaginé mucho más organizados e idealistas de lo que realmente eran. La 1era vez que fui a una reunión, conocí a Origen. Estábamos en la marquesina de un hijito de papi y mami llamado Oliver, que estaba aterrado mirando hacia la puerta cada 5 minutos. Su padre trabajaba para el gobierno y esa casa había sido un regalo oficial. Si era descubierto, no sabía a que más temer: si a la reacción del gobierno o a la de su padre. Al igual que yo, Oliver estaba ahí por pura curiosidad y ofreció el lugar por estar de simpático. Origen era el líder. Era un moreno fuerte de voz estruendosa, decidido y firme. Tenía unos ojos extraños, casi felinos, que miraban a uno con fiereza casi con violencia. Origen me pregunto al final de la reunión que si yo era estudiante. Le dije que estaba a nivel universitario. Entonces me pregunto que si esto me interesaba de veras y escruto mis ojos y mis palabras, a tal punto que pensé que iba a golpearme. Al final me dio la mano y sonrió, brevemente. Bienvenido, apriétate los pantalones, esto es para hombres. Dijo y se calzo la gorra, par a luego alejarse con paso apurado. Me quedé unos segundos o minutos mirando la sombra que desaparecía por la esquina, nerviosa, mirando a o todos lados antes de cruzar. Oliver estaba detrás de mí recogiendo colillas de cigarrillo y echándolas en un vaso plástico con agua. Automáticamente, me puse a ayudarlo. Oliver sonrió y me pasó el vaso. ¿Te imaginas, me dijo después de un rato, que mi padre encuentre una colilla y piense que he estado fumando?
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