Como me lo contó él

“Lo que me molestaba era el busca novios. Yo no tenía nada en contra de Pilar: era bonita, religiosa, cuidadosa, casi ni hablaba. Yo puedo decirte que fue la primera vez que pensé en tener una novia. Siempre estaba impecable, casi nunca sonreía y no le hacia el coro a los demás muchachos. Siempre andaba con su hermana Gracia. Yo no la veía tanto. Ella iba al a escuelita de la Sra. Ángela. Luego le tocaría entrar a la escuela, en el curso de las niñas. Nunca la dejaban salir de casa y solo podía jugar con Gracia su hermana, mucho menos la dejaban ir al rio. No conocía el color de su piel, más claro en las piernas y más oscuro en los brazos como mis primas o el de Leticia que se bañaba en pantalones cortos. Así que la veía los domingos. Era muy esperado por  mí. Cambiada, vestida de blanco siempre, con un lazo en la cabeza y oliendo a colonia amarilla de esas que traían las mujeres de la ciudad. Gracia controlaba todo, desde su mirada hasta su respiración. Pero en el momento de comulgar, nadie podía evitarlo. Nuestros ojos se cruzaban cuando ella iba a la fila y yo la miraba pasar como un presidiario, que no podía ponerme de pie por no haber hecho aun mi primera comunión. Y luego la veía tomar con delicadeza la hostia blanca casi tanto como ella, y sentarse de nuevo, mirándome de reojo mientras su hermana recitaba su oración. Se podía decir que casi teníamos una cita, todos los domingos, durante la comunión. Pero un día llegó diferente. Vestida de amarillo, con un lazo verde y una expresión distinta en su rostro. Ese día fue que me di cuenta del peinado: tenía ese rizo que le caía en las sienes, un rizo molesto, seco, incomodo: el busca novios. Un rizo desesperado por encontrar la atención de los muchachos. Deje de mirarla durante la comunión, empecé a mirar los cordones de mis zapatos cuando sabía que su mirada me buscaba. Todavía, meses después, cuando entró a la escuela y por accidente nuestras miradas chocaban  en el recreo y ya la dejaban ir al rio, y ya conocía la descoloración de sus piernas y su vientre;  aun seguía mirando los cordones de mi zapatos.”   


17/02/2011

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