Hace 1 día
99 [Alguien tiene que decirte]
Alguien
tiene que decirte y ser sincero, abrirte los ojos y ponerte de frente con la
realidad, tu realidad. Alguien tiene que decirte cuando las cosas están mal,
cuando invocando tu humanidad fallas, enfrentarse con tu ego descarado y con tu
genio mal humorado; alguien imparcial que no tema a tus reacciones, explosiones
ni justificaciones. Alguien tiene que encargarse de despertar al hombre que
duerme entre laureles, contarte que el mundo se extiende más allá de los
centímetros de tu espacio personal. Alguien tiene que atreverse, y nadie es más indicado que yo, tu
conciencia, tu límite y frontera.
La autoestima masculina
La simpleza masculina es algo
que siempre me ha gustado/odiado. Las mujeres acordaremos decir que a los
hombres casi todo les ha salido mucho más fácil. Y tratar de emularlo es
imposible, la razón es muy sencilla: el hombre no se complica. Donde las mujeres vemos intrincados
dilemas con dramáticas soluciones, el hombre lo ve desde su óptica masculina:
llana, sencilla y muchas veces [aunque me cueste admitirlo] más cercana a la
realidad [o por lo menos a aquella que les permite vivir en paz].
99 [La pelota como la vida]
Un día
toca arriba, otro turno abajo. Las oportunidades vienen, a veces las
desperdiciamos. Las decisiones son determinantes y son insalvables, no se
pueden evadir y de ella dependen los resultados: buenos y malos. Se juega en
equipo, se gana en equipo pero se
pierde solo. La cima es una fiesta, las risas sobran. La bajada es fría y
solitaria. El que gana es el que goza y el que pierde solo le resta el derecho
al pataleo. La pelota es como la vida: se sube, se baja, se cae en picada, es
redonda y viene en caja cuadrada.
El mejor regalo de Reyes
Estamos
en los 90, mentalmente. Todavía la gente andaba con esos detestables tshirts
promocionales que parecían reproducirse solos como microbios, los celulares y
las computadoras [Que utilizaban un programa chato y feo llamado MS-Dos] aun no eran el mejor amigo del hombre ni el
nuevo miembro de la familia; y quien tenía
uno de los dos era un privilegiado.
99 [Resoluciones de año nuevo]
Estar en
forma. Mejor dicho, bajar de peso y estar en forma. Empezar dieta. Ir al gym. Ahorrar. Abrir cuenta de ahorros, ahorrar
el 10% de mi sueldo. Ahorrar el 5% de mi sueldo mensual. Pagar todas mis
deudas. No tener deudas. Dejarme
crecer el pelo. Visitar a mi suegra más a menudo. Ir al médico dos veces
al año [incluye al dentista]. Conseguir un aumento. Conseguir un mejor
empleo. Terminar estudios. Dejar de fumar. Ser mejor
persona. Resoluciones de año nuevo: Hacerme cirugía estética completa, obtener un préstamo,
ponerme extensiones, conseguir un nuevo empleo y una nueva suegra.
Un año de fin de mundo
Bajo una nube de pesimistas y terribles
predicciones, que han dado rienda suelta a la imaginación- y en algunos casos a
la perversión- de las mentes más dramáticas y fanáticas, recibimos el año
nuevo. Ya esto lo hemos celebrado antes,
es cierto, la mayoría de nosotros no
creemos que nada suceda con el mundo: al final del año seguirá siendo igual de
pecaminoso, diverso y placentero como el año anterior. Sin embargo, todos
entraremos en el jueguito de pasar el último año y no perderemos la oportunidad
de burlarnos, predicar [sin importar en lo que creas] corregir a los
ignorantes, y rechazar las medidas extremas con ironía y algo de humor negro. Pero
no perdamos el tinte fatalista, y hagamos que los próximos 12 meses sean
realmente memorables, por si acaso.
Les deseo un año de fin de mundo, donde puedan
arriesgarse un poco, conocer sus extremos, llegar un poco más lejos. Que se
sientan motivados y pongan a rodar sus sueños. Y ojalá en el 2013 abandonemos
esa mala costumbre de estar acabando el mundo, ¿Qué les hizo el mundo que lo
quieren terminar?
Que
siga la fiesta.
Pocos fieles
Es un defecto inherente de nosotros los humanos el exigir casi siempre lo que no somos capaces de dar. La falta de sinceridad es casi involuntaria un reflejo, que no hay uno de nosotros que no se diga y se crea dos o tres mentiras diarias. Entonces, la fidelidad es la misión imposible de nosotros. Y yo no le voy a echar la culpa al de siempre: la carne, tentaciones y demás elementos de un pastel llamado lo prohibido; que a todos nos encanta y si no mírense la boca, la tienen echa agua. Pues bien, no somos fieles; porque si la falta de sinceridad y fidelidad es casi natural en nosotros; curiosos debería ser nuestro apodo. ¿No es verdad que la mayoría de los problemas del hombre vinieron por curiosidad más que por cualquier cosa? Y si no, pregúntenselo a Eva. O a los chicos que empezaron "las exploraciones" muy temprano. Y es verdad, esa curiosidad ha sido fantástica. Pero de tanto cuestionarnos ya ni sabemos quiénes somos. La curiosidad es la que nos hace pocos fieles y nos invita a probar y aventurar. Porque, Cristóbal Colon no se conformó con una sola India. Y si, somos pocos fieles y tememos que no se pueda hacer mucho. Y no me vengan con la patraña de que "eso fue cuando perdimos la inocencia" siendo aun niños conspirábamos y politiqueábamos cruzando dedos al hacer promesas y mintiendo con una naturalidad impresionante. Buen está bien; ¿Qué tal si incluimos "la fidelidad" y "la sinceridad" entre los objetivos del milenio? ¿Qué los objetivos del milenio qué? ¡Tómenme en serio, porque yo no estoy bromeando!
el 3ero responsable
Es casi imperceptible la forma en la que llega y se cuela en la vida de las personas. Realmente, cuando uno lo ve llegar, inofensivamente, detrás de un comentario, de una llamada o una observación; nunca cree que ese llegara a ser el motivo de sus desgracias. Y ocurre más o menos en la forma en que la brisa entra por las ventanas y mueve los objetos de su lugar sin que nadie los note, o como el agua, que va llenando el balde y se percibe solo cuando está a punto de derramarse. El tercero, que se convierte en una sombra, detrás de las cortinas, en la silla vacía del comedor. El que espiamos en los celulares, en los mensajes electrónicos, en las miradas esquivas, en las salidas temprano. El tercero, que buscamos en gestos fríos o en una llamada no recibida. Al final, de tanto buscar al tercero, no somos capaces de verlo ni de percibir su presencia. Cuando se instala, podríamos fácilmente, echarle la culpa: decir que se ha “metido” o que ha “robado” si es que los afectos de una persona le pertenecen a alguien más que a ella misma, y si estos pueden ser robados con la facilidad con la que se roba una cartera. Pues el único ladrón que pide consentimiento, es el que roba afectos, cariño o “el corazón” diciéndolo, cursimente. Pero no, no estamos para cegueras, y al final, tendremos que admitir que el tercero no es el culpable, que nadie nos robo nada, y que los únicos responsables somos nosotros. Por dejar la ventana abierta, la llave goteando o peor aún, el corazón sin candado.
El derecho fundamental de arrepentirse
Porque todo lo hacemos en un momento. Porque todos hemos querido ser los dioses del tiempo y hemos deseado tener el reloj de Bernardo, por lo menos una vez en la vida. Porque algunas veces, la mayoría de veces, el instinto es más rápido que la razón. Porque siempre hay excusas, siempre hay razones. Porque Dios nos lo permite. Porque nuestra naturaleza así lo pide. Porque la perfección solo existe en nuestra mente y hasta el reo más temido, se le permite arrepentirse. Porque cargar con el fardo de la culpa es muy pesado y a veces, es necesario, reivindicar. Porque lo accesorio sigue la suerte de lo principal y si tenemos derecho a equivocarnos, el arrepentimiento debería ser automático. Porque, no sé si la merecemos, pero todos deberíamos tener derecho a un segundo intento. Yo quisiera pedir el derecho fundamental a tener dos vidas, pero, no quiero calentarme, ustedes ya saben. ;)
Buena suerte...
Yo nunca he dejado ni dejare de preguntarme porque no me saco en la lotería. Yo he tratado de justificarlo de mil maneras: la Lotería está planeada, no es limpia, el banquero es brujo y mete los números bajo un caldero, el gato negro se metió en mi ventana esta mañana, y porque pasé por debajo de esa escalera ayer. Lo cierto es que conmigo no es la cosa de la Lotería. Y no importa como lo juego: porque me lo soñé o porque me lo dieron pro tv. La última vez que gane en la lotería (y la única) me saqué 600 pesos. Tenía 14 años y eso, era una gran cosa para mí. Pero no crean que solo sea con la Lotería. Me pasa con las rifas del barrio, con el bingo casero y hasta con las rifitas de colmado o mejor dicho, “chuflay de a peso”. Y es que si la suerte sabe que voy por esta acera, cruza para la otra. Descarada al fin. Por eso, como dice Coti, ¿Que quiere la suerte cuando anda por mi casa? ¡Bien que se sabe ausentar! Lo mío no es con la suerte, lo mío es otra cosa. Le doy gracias a Dios porque cuando ella me falla, el entra, ósea, siempre. Y gracias a esa intervención divina, yo puedo decir que tengo una familia grandiosa, unos amigos geniales y perros por pila en mi casa. Ósea, ¿quién necesita más?
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