Hace 19 horas
el 3ero responsable
Es casi imperceptible la forma en la que llega y se cuela en la vida de las personas. Realmente, cuando uno lo ve llegar, inofensivamente, detrás de un comentario, de una llamada o una observación; nunca cree que ese llegara a ser el motivo de sus desgracias. Y ocurre más o menos en la forma en que la brisa entra por las ventanas y mueve los objetos de su lugar sin que nadie los note, o como el agua, que va llenando el balde y se percibe solo cuando está a punto de derramarse. El tercero, que se convierte en una sombra, detrás de las cortinas, en la silla vacía del comedor. El que espiamos en los celulares, en los mensajes electrónicos, en las miradas esquivas, en las salidas temprano. El tercero, que buscamos en gestos fríos o en una llamada no recibida. Al final, de tanto buscar al tercero, no somos capaces de verlo ni de percibir su presencia. Cuando se instala, podríamos fácilmente, echarle la culpa: decir que se ha “metido” o que ha “robado” si es que los afectos de una persona le pertenecen a alguien más que a ella misma, y si estos pueden ser robados con la facilidad con la que se roba una cartera. Pues el único ladrón que pide consentimiento, es el que roba afectos, cariño o “el corazón” diciéndolo, cursimente. Pero no, no estamos para cegueras, y al final, tendremos que admitir que el tercero no es el culpable, que nadie nos robo nada, y que los únicos responsables somos nosotros. Por dejar la ventana abierta, la llave goteando o peor aún, el corazón sin candado.
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