Duarte en el 2013


La Republica Dominicana celebró con bastante e inusual entusiasmo  el doscientos aniversario del patricio Juan Pablo Duarte. No hay mejor homenaje que la admiración que se profesa a través de la imitación. El mensaje y la celebración no pueden quedar vacios. Ciertamente, 200 años es  mucho tiempo, pero la ocasión no sirve para dilucidar las tantas preguntas que tenemos sobre la vida del Padre de la Patria, sus incógnitas, esos detalles que la historia no nos pudo revelar. Tampoco es justo pasarle un juicio al personaje, que hasta hoy sin discusión ni prueba en contrario, fue el fundador de la  dominicanidad y mucho menos querer aprovecharse de la luz ajena que proyectan los hombres que sobreviven a la corrupción del cuerpo, quedando vivos para siempre por la fuerza de sus ideas.
Es bueno constatar que las mismas perduran y nos hablan a través del tiempo, sin dejar de ser actuales. Duarte era joven. Todo lo que hizo por este país lo hizo en esa etapa de su vida. Hoy, no discutimos el derecho a dar a luz una nacionalidad, hoy nuestras batallas son personales e individualistas, pero no dejan de ser nuestras, no dejan de existir y repercuten en la colectividad. Duarte es un ejemplo inmejorable para cada uno de los jóvenes dominicanos. Tiene mucho que enseñarnos, todavía, doscientos años después.  ¿Qué puede  enseñarnos Duarte doscientos años después?

Emprendedurismo: No es muy difícil imaginar la reacción de las personas cuando Duarte les contó lo que se estaba proponiendo. Para ese entonces, lo que hoy conocemos como República Dominicana era el sueño de un loco, un proyecto que aun no existía. Demostrando que cuando una idea es totalmente nueva, siempre encontrará voces adversas, por la reacción natural del hombre hacia lo desconocido. Duarte dio muestras de emprendurismo puro, liderando una empresa innovadora, visionaria y con todos los riesgos del mundo para fracasar.

Liderazgo: como todo buen líder, sabía que los proyectos debían sobrevivirle a su fundador; sobre todo, cuando se trata de algo perdurable.  Por eso, los planes independentistas siguieron su curso sin él, cuando se vio obligado a abandonar el país un año antes de declararse la independencia. Pero sobre todo, supo alienar a sus seguidores de manera tal que todos creyeran y compraran su proyecto independentista hasta el punto en que estuvieran dispuestos a dar la vida por su causa, permitiendo que otros jóvenes pudieran liderar el movimiento al momento de su ausencia.

De las palabras a la acción: No basta la idea sino lo que estemos dispuestos a hacer con ella. Duarte esto lo comprendió muy bien. Sabiendo que la unión hace la fuerza, fundó La Sociedad Secreta de la Trinitaria y La Filantrópica; que fueron los puentes que le permitieron terminar de propagar sus ideas. Y en este objetivo no escatimó esfuerzos: para muchas personas Duarte sencillamente tuvo la idea (como si esto fuera poco), pero Duarte también fue el primer patrocinador económico del proyecto, demostrando con esto lo mucho que creía en sus ideales. Y con todo lo que esto conllevaba, como el riesgo de perder la vida misma.

Compromiso indefinido: Al iniciar una empresa de cierta envergadura, sabemos que puede o no tener éxito,  que de su conclusión dependerá de muchos factores. Pero es imposible que un proyecto triunfe si no establecemos con él un compromiso sincero e indefinido, regulado por nuestros valores y expectativas. Así lo hizo Duarte quien dio todo cuanto tenia por el proyecto independentista, y más allá de este, cuando se vio completado; cada vez que la Patria lo necesitó, estuvo dispuesto a ayudarle de la mejor manera, sin buscar protagonismos innecesarios.





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