Hace 19 horas
Cartas que no se entregan
Sobre la espalda cansada de mi madre, descansa mi vida entera. Dentro de su vientre en reposo, he de buscar las respuestas que desconozco. En sus ojos el futuro, en sus manos la certidumbre. En sus piernas el camino y en su pecho el sosiego, el amor primario, el amor verdadero. En las líneas que cruzan su frente una historia, mi inspiración. El sonido de tus manos sobre la harina, las dos pizcas en el guiso, el ruedo del vestido. Yo he clonado tu esencia en todas partes, pensando en el día que me faltes. El color de las orquídeas, el aceite de canela, el aire de tiempo de Nina, la polvera Maja, los pañuelos blancos, los zarcillos dorados, el rojo de tus uñas, la colonia amarilla, el timbre de tu voz, enérgico, y los pasos cuando te despiertas, cuando te vas a dormir y el susurro de la oración que haces en el borde de la puerta. Y si me voy lejos, me llevo en los recuerdos, todo lo que he recopilado. Y si te vas tú lejos, espero nunca lo hagas, no lo hagas sin antes despedirte, sin antes dejarme preparada. Tú tienes que saber, [espero algún día atreverme a decirte] que, tu eres la mujer que yo siempre he querido ser.
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