Hace 19 horas
Como me lo contó el: [La mujer de mi vida] Abril 18/11
Ya estoy muy viejo para nostalgias, pero el hecho de que la recuerde todavía merece que te lo cuente. En la vida conoces muchas mujeres pero solo hay dos que valen la pena mencionar: la mujer de toda la vida y la mujer de tu vida. La primera es casi siempre con quien te casas y te acompaña hasta tu muerte, si tienes la suerte de no tener que enviudar. La segunda, es esa que marcó tu vida y con quien debiste estar, pero las cosas no son como uno quiere sino como están escritas. Me atrevo a decir que mi esposa tiene tanto que agradecerle a la mujer de mi vida como la principal responsable de que yo me casara con ella. La conocí en verano, como todos los buenos amores y cuando la vi por primera vez, sabía que no podía durar. Piedad, se llamaba, permíteme esta indelicadeza, ella está muerta ya y dudo mucho que puedas saber quién es. No era bella, no en la forma en que tú pudieras imaginar. Para mí era mucho más que bonita, me doblaba la edad; pero compensaba esas faltas con una energía y un espíritu que me daba vergüenza ser joven delante de ella. Se burlaba de la vida, porque era la forma más fácil de sobrellevar la tristeza. Fumaba como murciélago y lo primero que ingería era un trago de alcohol, pero tenía tanta elegancia que sabia sobrellevar sus vicios sin que nadie lo notara. Pasaba una estadía en la isla que no iba a durar mucho, según me decía, pero nunca estableció una fecha de despedida. Y bajo esa esperanza, yo me enamoré de ella. Había un marido lejano y fantasmal, que nunca venia y solo se encargaba de llamar por teléfono y arreglar las cuentas. Y había unos hijos que parecían estar tan conformes con su vida que nunca estorbaban. Piedad no tenia limites y decía que vivía la vida de nuevo. No fue a la universidad y se caso muy joven, pero admiraba y le gustaba conversar con los jóvenes universitarios. Se Hizo popular entre mis amigos (que eran muy pocos), por ser una fumadora estrella y una cantante aficionada que nos ponía a beber gratis con las botellas que se ganaba en los jueves de Karaoke. Nos olvidamos de su vida y de lo que había dejado. Como el mejor de los sueños, llegan a su cenit y si eres joven, las emociones te hacen soñar hasta con unicornios azules. Nos prometimos amor eterno una noche en la playa. Yo tenía los bolsillos vacios pero la quería o creía quererla y ella, para mí solo estaba borracha, de libertad supongo. Entonces, desperté del sueño en su mejor parte. No volví a verla. La familia fantasma decidió aparecer, y así lo hizo, llevándosela dejándome como única prueba de su existencia un manuscrito rápido diciendo adiós y esta memoria mía; que te cuento ahora, porque si a algo le temo más que a la muerte es al olvido.
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